miércoles, 24 de junio de 2009

Sueño de una noche de Verano... En Sant Joan...


Estimado público, hoy quiero maravillarles con un sueño que he tenido esta pasada noche, la popular víspera del día de Sant Joan, noche caracterizada por la alegría, los petardos, la diversión y la famosa Coca de Sant Joan... Una noche especial, la más corta del año, que simboliza a partes iguales el comienzo de la época estival para este rincón del planeta y el comienzo de las vacaciones para much@s afortunad@s... Una noche en la que uno puede recostarse y soñar... soñar... soñar...

...soñar con una reunión de amig@s que, utilizando una nueva vía de comunicación que ellos mismos han inventado conocida como "foro-mail" llevaban tiempo tramando. La noche de Sant Joan, una noche con ese toque de magia en el ambiente, una noche en la que toca hacer algo diferente, algo para recordar. "Pues podríamos ir a celebrarlo a la playa, es algo que siempre quise hacer y que nunca he podido llevar a cabo". Este pensamiento se hizo común en las mentes de la Srta. Nekoi y del Sr. Que Escribe (o sea, yo) semanas antes de la celebración, un "sueño de juventud" hasta ahora frustrado por no haberse dado las circunstacias propicias. Pero esta vez sería diferente. Aunque en principio la expedición se planeó con un mayor número de comandos, que incluía figuras tan ilustres como el Sr. Mashiba o el Sr. Isnard, por circunstancias ajenas a la voluntad de ambos el grupo quedó reducido a la estructura ósea básica: 4 miembros, los 4 Fantásticos particulares de esta historia. Y así fue como Keiko, Eisen, Nekoi y El Que Escribe se embarcaron hacia la aventura...

Celebración en la playa, dijeron. ¿Pero qué playa? La bonita población costera de Sitges fue el lugar escogido. "¡¿Sitges?! WTF!!?? Pero si hay sólo hay moñas" dijeron muchos ignorantes. "¿Y?" contestó enérgicamente el grupo. Ya empezaban los tópicos y los prejuicios absurdos hacia todo aquello que no compartimos y, muchas veces, no comprendemos. No obstante, nuestro grupo hacia caso omiso de tales "advertencias" y se dirigieron hacia su destino. Horas más tarde comprobarían cuán equivocados estaban aquellos que les advertían del gran peligro... Su encuentro fue en la estación de Viladecans, y tras subir al tren, comprobaron que el Gran Murphy siempre está alerta allí donde uno va y que hay cosas que nunca cambian. ¿Qué sería de Renfe sin sus retrasos? Afortunadamente, tras media hora de parón en la estación de Castelldefels Playa, nuestro grupo llegó a su destino. 

A esas horas el hambre empezaba a hacer acto de presencia, así que la prioridad absoluta se convirtió en encontrar un sitio donde cenar algo que cumpliera las Tres Reglas B: Bueno, Bonito y Barato. Nekoi recordaba un restaurante japonés de una vez que estuvo allí hacia ya tiempo, aunque no conseguía localizar exactamente dónde. Eso, junto con la posibilidad de explorar y encontrar otras opciones, hicieron a los cuatro recorrer el Paseo Marítimo de punta a punta como cosa de dos veces. Conforme avanzaba el paseo, tales eran los efectos del hambre que Nekoi confundió el rótulo luminiscente de un hotel con el de una pizzería. Durante este paseo el ambiente que se apreciaba denotaba algo diferente a lo esperado: mucha gente, sí, pero en general todo muy tranquilo, con una gran ausencia de esa fauna Troll conocida, entre otras acepciones, como Canis. No obstante, entre todo el tumulto también se empezaron a atisbar los primeros indicios de la especie conocida como Majini, dando muestra de nuevas digievoluciones de estos peculiares seres como el Majini Luminiscente o el Majini Aprendiz. Queridos míos, os hablaría de esta tribu, sus clases y sus costumbres, pero el Sr. Eisen ha adquirido el compromiso de hacerlo detrás de la barra de su local, El Bar de Barbón. ¿Oh, todavía no les había hablado de este agradable sitio? Aquí tienen su tarjeta, para que les sea fácil localizarlo: 

http://elbardebarbon.blogspot.com/

Al final el grupo acabó cenando en un restaurante Wok donde disfrutaron de los manjares de ese gran invento llamado buffette libre. Una vez recargadas la batería, tocaba asaltar la noche. Y ya que la idea inicial era hacer una celebración en la playa, pues está claro a dónde se dirigió el grupo. Para entonces el ambiente de gente había crecido bastante, y el número de jovenzuelos era muy superior al momento previo de la cacería de comida, pero no obstante la característica principal permanecía intacta: todo el mundo se comportaba de una manera muy civilizada, repartidos en grupitos y cada uno a su aire, comportamiento que reinó durante toda la celebración y que denotaba que Sitges tenía ese aire especial, alejado de los malos augurios que much@s quisieron hacer creer a nuestros aventureros. Y es que aunque esto de hecho es un comportamiento completamente normal, hoy en día brilla tanto por su ausencia que cuando se encuentra resulta extraño. Llegados a la playa, tocaba hacer el ancestral ritual del baño de pies, iniciado por la Srta. Nekoi y seguido por Eisen y Keiko, que consiguieron arrastrar a un El Que Escribe con pocas ganas iniciales de quitarse las bambas y los calcetines. El agua, fría inicialmente, enseguida se tornó agradable y refrescante, dándonos la bienvenida a ese lugar. Tras este ritual, nada como una sentada en unas rocas para comtemplar el mar, sentir la brisa y empezar una de las charlas que se seguirían durante toda la noche. Como banda sonora, la algarabía de la gente, los petardos, la música y las risas.

Pasado un rato el grupo se dirigió a visitar la Iglesia de Sitges, bonito y mítico emplazamiento del que nadie conocía su nombre exacto y desde el que también había unas vistas increíbles. Fue tan relajante que estuvieron un buen rato apoyados en los muros que hacían de mirador, comprobando la efectividad del cañón de defensa de la época de los Bucaneros y filosofando sobre los lados intrínsecos de la vida. Después de dar un gran paseo por las callejuelas interiores del pueblo y comprobar la paz que se desprendía de ellas, el grupo se acercó a consultar hasta qué hora estaban disponibles los trenes, sólo para darse cuenta que hacia bastante que habían dejado de estarlo. Tocaba, sí o sí, pasar la noche allí, y no iban a dejar escapar ni un momento. Al lado de la estación tuvieron un pequeño susto cuando entraron en algo parecido a un centro comercial o un parking público y vieron cómo la puerta corrediza, de golpe, no se abría. Afortunadamente, la puerta de al lado parecía tener más ganas de trabajar que su compañera. Serían ya las dos y algo de la madrugada, y había que volver otra vez a la playa, esta vez en plan sentada. Aunque al principio todos se mostraron reticentes, especialmente El Que Escribe, la Srta. Nekoi consiguió convencer al grupo de que se sentaran en la playa, que no pasaba nada por no haber traído toallas y que la arena de la playa era inofensiva una vez la ropa se metía en la lavadora. Menos mal que el grupo le hizo caso, porque la siguiente hora y media transcurrió de manera muy amena en ese pequeño rincón de playa que el grupo hizo suyo. Allí, compartiendo patatas Pringles sabor Paprika (no confundir con el popular establecimiento comercial famoso hace unos años) y bebidas energéticas destinadas a combatir los primeros atisbos de sueño (Coca-Cola para unos, Red Bull para otros. ¿Acaso esperaban otra cosa?) la magia de aquella noche especial nos invadió y nos hizo ser una parte más de ese gran todo que estaba de celebración, esa masa colectiva con el único objetivo de pasarlo bien. Prueba de ello fueron las risas continuadas durante cinco minutos sobre las ocurrencias del Sr. Eisen y las monas (reproduciría aquí la ocurrencia, pero es una historia muy larga de explicar y seguramente much@s no le pillarían la gracia) y las aleatorias visitas de algún Majini Luminiscente.

Como hora y media después, cuando las piernas empezaban a engarrotarse de estar en la misma posición y la humedad del mar empezaba a calar hasta los huesos, el grupo decidió moverse. Debían ser las cuatro, y aunque todavía había mucho ambiente, se notaba que la cosa empezaba a perder energía: a esa hora sólo quedaban los verdaderos valientes, y muchos ya se habían retirado a sus hogares a descansar. Después de que Eisen y El Que Escribe comprobaran que los excusados públicos de la playa en realidad son cápsulas de cultivo de nuevas variantes del Virus-T de Umbrella Corporation y que no eran apropiadas para las damiselas del equipo, todos se dirigieron más allá de la Iglesia, a ver qué había en esos parajes más alejados del núcleo de la diversión, con la esperanza de encontrar un servicio más adecuado o un buen seto apartado que hiciera el mismo uso. Así fue, que caminando caminando, delante del grupo se plantó el Cementerio del pueblo. Lógicamente, imaginaban que no estaría abierto para poder visitarlo a esas horas, cosa por otro lado algo absurda, ya que los que están dentro no van a salir y los que están fuera desde luego que no quieren entrar, pero en fin...

A estas horas de la noche se producirían los eventos más, digamos, surrealistas y absurdos de toda la noche. Y todo empezó por la búsqueda de un excusado decente. El Cementerio parecía estar en obras, y como todo buen lugar en obras, tiene a su lado una garita de obreros con el servicio para obreros. Se trataba de un servicio muy similar al de las cápsulas de Umbrella, aunque esta vez no había rastros de la empresa del paraguas y, maravillas de la vida, estaba abierto para el público. Aunque esto último obviamente no sería intencionado, propició que nuestro grupo hiciera uso y disfrute y provocó que siguiera avanzando hacia el otro lado, a ver qué se encontraban tras las vallas. Tras pasar una negra oscuridad que se hacía más tenue al llevar un rato dentro de ella, realizaron un curioso hallazgo: maquinaría de obra como gruas, transportes, carretillas, etc. Fue en ese momento cuando la Srta. Nekoi adoptó una curiosa actitud y, como si de una niña en un parque de atracciones se tratara, comenzó a subirse en todo tipo de cacharros con una sonrisa traviesa en su rostro, ante la atónita mirada del Sr. Eisen, las constantes risotadas de la Srta. Keiko y el asombro mayúsculo del Sr. Que Escribe. "Toma, toma, el siroco a lo obrero proletario que le ha entrado a Nekoi", parafraseando a Borja Pérez de Qué Vida Más Triste repetía Shinobi una y otra vez; mientras tanto Nekoi, haciéndole caso omiso y dejándose llevar por lo absurdo del momento, seguía montando en todo tipo de atracciones obreras, siguiendo las indicaciones de Eisen de "procura no tocar nada a ver si la vamos a liar". Aunque el suceso fue fotografiado como se merecía, hacía falta un souvenir más suculento y físico para recordar años después aquella experiencia. Y qué mejor manera que cogiendo prestado sin querer (sin querer evitarlo) un metro de obrero y un caso de obra amarillo. Como mínimo, originales eran...

Tras jugar como niños en la zona de obras, el grupito se volvió a adentrar por las callejas y allí descubrieron una pequeña calle interior con un parque, lleno de columpios. Si antes el espíritu del niño que tod@s llevamos dentro se había apoderado de una sola persona, ahora lo hizo con casi todo el grupo, que fueron yendo y viniendo de los columpios disfrutando de entretenimientos más simples que la Wii y de la compañía de unos cuantos gatos callejeros que vivían en esa zona. El único que quedaba en la retaguardia era El Que Escribe, pendiente por la hora de algo que no quería perderse por nada del mundo: el amanecer en el mar, algo que algunos no tienen la posibilidad de ver a menudo. Así que tras dejar que l@s niñ@s jugasen, cuando escucharon la primera gaviota el grupo corrió a posicionarse en un mirador cercano. Sentados en un banco, empezaron a observar hipnotizados el horizonte, viendo como poco a poco iba clareando, y como las nubes adoptaban todo tipo de formas diferentes y cambiantes. Eran las 5 y poco más de la madrugada. En medio de toda la quietud, disfrutando del sonido del mar, los rayos de sol hicieron acto de presencia, dando por finiquitada la que había sido una noche asombrosa. 

Tras contemplar tamaño espectáculo natural, el grupo se fue dirigiendo, con paso lento, hacia la zona del Paseo Marítimo para ir camino de la Estación. A esta hora ya se empezaría a reestablecer el paso de trenes y ya tocaba volver a casa. Durante todo este paseo contemplaron los restos de la batalla de la diversión; lo que antes había sido una juerga muy activa ahora era un remanso de paz. Atrás quedaban las vivencias de la Noche Más Corta del Año. Ciertamente, podían dar fe de ello, aquella había sido una noche muy corta, más de esperado. Junto a la marabunta que esperaba a esas horas en la estación para coger el tren, nuestros amigos iniciaron su viaje de vuelta a casa, sumidos ahora sí en los efectos del sueño, que hacía que estuvieran juntos, pero en silencio. El único que se sentía bastante despejado era El Que Escribe, asombrado de su resistencia al sueño ese día, cosa que no suele ser nada común en él. Tras separarse cada uno hacia sus respectivos refugios, el grupo se sumió en el merecido descanso. Había sido una vivencia de emociones muy intensas. Ahora tocaba descansar y soñar... Y soñar... Soñar...

...Y desperté. Tras conectar de nuevo con la realidad, enseguida me vinieron a la cabeza todos los recuerdos del pasado evento y sentí una gran alegría de haberlos vivido en compañía de mis queridos amigos Keiko, Nekoi y Eisen. Fue una noche para recordar, una noche como hacía muchos años que no disfrutaba, una noche para el recuerdo, para pensar en ella en los momentos difíciles y esbozar una sonrisa, una noche que... Esperad un momento... ¿Pero no fue un sueño?

El Que Escribe sonrió maliciosamente. "No esta vez, mis queridos niños"

6 comentarios:

  1. Increible entrada en tu blog. Yo lo he intentado describir de la mejor manera posible pero tengo que arrodillarme y vanagloriar al cielo por tamaña descripción tan exacta a la realidad.
    Una noche memorable sin duda que han hecho que en mi balanza personal, la noche de san juan haya adquirido de nuevo un toque mágico y especial que me hace esperarla de nuevo con desdén.

    Mañana como mandan los cánones, reflejaré de la mejor manera posible los documentos que he ido recopilando a lo largo de estos dias y expondré al mundo los entresijos del mundo Majini.

    Sin dua aplausos se lleva esta entrada, aplausos que resuenan desde el lejano bar de barbón, aplausos que alborotan a las palomas, trastornan a las personas a pie pero que llegan hasta aqui dictando lo que ya propiamente sabias: una noche inolvidable.

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  2. Arigatô, aunque el relato desde la barra de tu bar no se queda corto precisamente. A fin de cuentas, yo sólo me he limitado a contar lo que sucedió esa noche de forma más o menos ordenada, pero tú has conseguido captar a la perfección la vorágine de sentimientos que el evento despertó en tod@s nosotr@s.

    Ahora me asalta una duda, si tuviera que elegir el "momento LOL" representativo de ayer, ¿sería el Majini Luminiscente con sus artefactos marcianos o sería Nekoi con cara de traviesa subida en una grua de Obra Aventura?

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  3. Cada uno lo hemos enfocado de una manera y creo que ambos comentarios merecen ser leidos por aquellos que estuvimos alli presentes como aquellos que no tuvieron la oportunidad. Como una alternativa a tener en cuenta en años venideros sobre lo que hacer o dejar hacer.

    Y sobre el momento "WTF" o "LOL" como tu lo has mencionado aqui, pues creo que a los majinis yo ya me he acostumbrado en cierta manera, pero no conocia esa faceta curiosa y aventuresca de Nekoi viéndola subiendose en todos los cacharros de la obra abandonada y disfrutandolo buenamente. Personalmente, para mi, ese fue el momento lolaizer de la noche.

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  4. No te has dejado detalle! O.o
    Desde luego que fue como un sueño, es curioso porque cuando lo recuerdo me da esa sensación... incluso al día siguiente (o bueno, el mismo día, que es cuando llegamos), al despertarme, miré el casco de obrero y me quedo: WTF hace esto aquí? Ó__ó XD
    Sobre el momento LOL, pues votaré por el pobre Majini luminiscente, es raro votarse a una misma y, además, lo de los tractores lo veríais con otra perspectiva diferente a la mía, yo me divertí mucho XD El majini luminiscente parecía un Wooper psicodélico (por fin puede recordar el nombre del Pokémon en cuestión XD).
    Saludos!

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  5. Tú cómo siempre tan explícito y extenso cómo siempre. Yo creo que saber escribir y expresarse así de bien es don que como yo no tengo. Yo también me lo pase muy bien y el momento del siroco obrero de Nekoi fue realmente divertido, y lo de columpiarme como una cria tambien y los majinis y todas sus variantes com siempre muy pesadoooos.

    Estoy de acuerdo en que ha sido una noche para recordar y repetir sea san juan o no. No creeis???

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  6. Pues sí, siempre se puede repetir algo así sin necesidad de ser San Juan, pero los petardos y los fuegos artificiales, el gentío y todo eso le da un toque especial, además de que, al menos para mí, es una especie de "inicio oficial del verano".

    Tenemos que volver a la playa de noche! El agua está templadita y se está muy tranquilo ^_^

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